Realmente no necesitamos ni al sistema electoral, ni al bipartidismo, ni a los medios de comunicación, para ir machacandopoco a ... más »
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Viernes, 25 Abril
de
MIZUBEL
el vie 25 abr 2008 14:52 CEST
Martes, 22 Abril
de
MIZUBEL
el mar 22 abr 2008 20:58 CEST
La promesa de los 400 euros de Zapatero en campaña electoral era doblemente demagógica. Primero, por querer comprar el voto con un regalo fiscal que por mucho que nos quieran convencer de lo contrario no es una medida progresiva, ni mucho menos progresista. Y segundo, porque prometió sin aclarar que no podía pormeter en dos comunidades, Navarra y el País Vasco, donde el Estado tiene limitadas sus competencias fiscales. Pero como dice una de las leyes de Murphy, nada hay tan malo que no sea susceptible de empeorar, y la demagogia es una enfermedad muy contagiosa. Cuando le reclaman al Gobierno de Navarra que cumpla con la promesa de Zapatero (que lógicamente no le vincula), responde que pague Zapatero (como si con los impuestos se pudiera jugar así de alegremente), y encima el lehendakari Sanz nos regala esta perla (veáse abajo). No le falta razón, con el nivel de precios que tenemos en Navarra y particularmente en la hostelería se puede uno gastar los 400 euros en una cena a nada que vaya a ciertos restaurantes, pida ciertos vinos e invite a dos o tres personas. Pero no es serio que cuando miles de ciudadanos viven con pensiones que están poco por encima de esa cifra, y otros tienen ese presupuesto para comer y cenar todo el mes, nos salga con esta pata de banco.
Dice que sirven "para una cena y poco más"
Sanz dice que los 400 euros no van a "paliar" la crisis
Lunes, 14 Abril
de
MIZUBEL
el lun 14 abr 2008 18:29 CEST
Un nuevo proyecto, una reforma organizativa profunda, y a ser posible una renovación de la gente que ocupa responsabilidades. Me gustaría decir que es necesaria una refundación de IU. El problema es que en todas las anteriores Asambleas Federales se ha dicho que íbamos a refundar; luego, más de lo mismo, arrastrando más o menos los mismos vicios. En vez de decirlo, no estaría de más hacerlo. Pero de verdad. Y la fórmula para refundar consiste en fundar de nuevo, construir una nueva organización. Si nos lo tomamos en serio, esto significa: a) Nombrar una comisión liquidadora de Izquierda Unida. Pagar las facturas y cerrar el negocio, disolviendo los órganos federales (las federaciones y las asambleas locales, que decidan por su cuenta si se mantienen o también se refundan). b) Crear una comisión promotora que convoque un congreso constituyente; unos "estados generales de la izquierda transformadora" a los que acudan todas las personas y organizaciones que quieran tomar parte en el nuevo proyecto. Todos en pie de igualdad, sin cargos internos y sin cuotas de poder. c) Debatir unos nuevos estatutos y un nuevo manifiesto programático. d) Registrar un nuevo partido, movimiento u organización, y empezar de nuevo. Esto sería una refundación. Sé que es cirugía radical, pero a lo mejor el estado del enfermo la hace inevitable.
Más escritos en mi web: http://webs.ono.com/mizubel Más blogs en: http://www.iloveiu.org Lunes, 7 Abril
de
MIZUBEL
el lun 07 abr 2008 19:39 CEST
Más organización.
A los problemas que he venido comentando contribuye, no sé si decisivamente o no, pero contribuye nuestro elevado grado de desorganización, a la que debiéramos poner remedio con una reforma profunda, total, de nuestros estatutos y nuestras estructuras. Nuestros estatutos federales padecen similar mal que nuestros documentos políticos. Son largos y farragosos, llenos de declaraciones ampulosas y de generalidades, pero a la hora de la verdad llenos de lagunas, cada vez que hay un problema no dan una solución, no dan ninguna o dan demasiadas, y todo queda a la libre interpretación de la mayoría o del órgano que tenga que decidir. Nacimos como coalición; luego nos convertimos en movimiento político y social (qué no sabemos muy bien qué es); a ratos hemos tratado de funcionar como un partido político. Me temo que de momento hemos conseguido que nuestros estatutos hayan recogido lo peor de cada una de estas fórmulas organizativas, y casi nada de lo bueno. Claro que estos nefastos estatutos casan muy bien con la cultura de desorganización que practicamos. No sé si es debido al tradicional desdén ibérico por la ley; por las influencias libertarias que forman parte de nuestra herencia ideológica; o por la típica sospecha marxista sobre el papel de toda superestructura incluyendo la jurídica, pero en pocos sitios he visto tanto desprecio por las normas, aunque sean las nuestras. 1. ¿Somos federalistas? Es un lugar común, pero es irremediable repetirlo. Si somos federalistas, si tenemos una organización federal, debiera notarse un poco más. Por ejemplo, en constituir una organización con 19 federaciones (17 CCAA y 2 ciudades autónomas) con igualdad de derechos y deberes. Lo de que haya federaciones que por tradición o porque sí se declaran soberanas nos lleva a la confederación. Una organización federal debiera tener perfectamente delimitado lo que corresponde a los órganos federales (esos mínimos que deben dar coherencia al conjunto), y lo que corresponde a las federaciones. Y una vez delimitado, todos a acatar lo que se decide en cada ámbito. Y como somos federalistas y pedimos la reforma constitucional para que el Senado sea una cámara de representación territorial donde estén presentes las CCAA, pues a dar ejemplo. ¿Dónde está nuestro Senado? Debiéramos tener un órgano federal donde estuvieran representadas las federaciones con algún poder decisorio; no esa inútil Comisión Federal de Coordinadores que tenemos en los estatutos como órgano consultivo. 2. Menos órganos y más organización. Northcote Parkinson, autor de la "ley de Parkinson" en virtud de la cual todos los órganos de la Administración tienden a crecer indefinidamente aunque no tengan más trabajo que hacer (pero no sólo pasa en la Administración, y ahí estamos nosotros para demostrarlo), ya explicó que la cantidad razonable de miembros de un órgano colegiado para que funcione está entre cinco y diez. Sin embargo, los órganos colegiados tienden también a crecer porque, por diversas razones, hay que ir incorporando a más gente que exige estar presente. Según adquieren un tamaño excesivo para que puedan tomar decisiones, se convierten en órganos deliberantes junto a los cuales surgen otros más reducidos que son los que de verdad deciden. Allá por 1986 empezamos con un Consejo Político de 15 miembros y un Presidente. Luego se decidió que la presidencia tenía que ser colegiada, y que había que ir incorporando más gente al Consejo Político. Según fueron engordando los dos, fue necesario crear una Comisión Permanente que no ha dejado de crecer. Ahora mismo y según nuestra web tiene 36 miembros (cuando los estatutos hablan de entre 10 y 15), de los cuales nada menos que 26 tienen atribuida alguna responsabilidad, la mayoría con nombres muy rimbombantes y dudoso contenido. Suena mucho al ejército de Pancho Villa, muchos generales y pocos sargentos. Ni que decir tiene que eso no es una permanente, ni un órgano ejecutivo. Ahí ni se toman las decisiones ni se dirige la organización (no se sabe muy bien desde dónde se hace). Y qué decir del carácter "ejecutivo" de la "Presidencia Ejecutiva Federal"; son solamente 71 personas. Y luego tenemos al Consejo Político Federal con 150 miembros En todos estos órganos están representadas más o menos las mismas facciones y se repiten los mismos debates. Mucha deliberación, poca dirección, toda la energía se va en despellejarnos unos a otros. Ahora, para mejorar aún más el panorama, hemos creado otro órgano: la Comisión Unitaria con 18 miembros a los cuales quizás se unan 4 más de la juventud. Bienvenida sea. La tarea más urgente es analizar quiénes se pueden sentir excluidos e incorporar cuanto antes nuevos miembros que aseguren la pluralidad, la participación, la transparencia, la federalidad, la unidad, la cohesión, la elaboración colectiva, el consenso y todos los demás principios recogidos en nuestros estatutos. Entre los cuales no está el de eficacia. 3. Lealtad. Suponiendo que lleguemos algún día a contar con una organización organizada, habrá que buscar los medios para crear lo más difícil: una cultura interna de lealtad con el proyecto y con la organización. Donde quepa la crítica a los órganos, pero no la descalificación sistemática cuando se pierden las votaciones. Donde se denuncien errores, no traiciones y desviaciones. Donde haya pluralidad, pero no sectarismo. Donde haya liderazgo, sin necesidad de que sea carismático ni haya culto al líder, pero con respeto a quienes asuman responsabilidades. Donde haya debate, pero no enfrentamiento. Donde se tenga claro que el enemigo está fuera; que los de dentro son compañeros. Todo esto exigiría un proceso de re-organización profunda; que me temo que no vamos a hacer en tres meses. Preferiría decir un proceso de re-fundación, si no fuera porque esta palabra está ya desgastada de tanto proclamarla para que todo siga igual. Más escritos en mi web: http://webs.ono.com/mizubel Más blogs en: http://www.iloveiu.org Miércoles, 2 Abril
de
MIZUBEL
el mié 02 abr 2008 19:04 CEST
Venimos diciendo que, pese a los varapalos electorales, el proyecto de IU debe seguir adelante porque sigue vigente. ¿Estamos seguros de esto? ¿Estamos seguros de cuál es nuestro proyecto? Creo que hubo un proyecto bastante claro que surgió en 1986, que se plasmó en su manifiesto fundacional, y que fue el que nos unió a mucha gente en una misma organización (y que llegó a ilusionar a casi tres millones de votantes en nuestros mejores tiempos). Entonces se decían cosas como las siguientes: "El desvanecimiento del proyecto de cambio, como consecuencia de la actitud centrista del Gobierno del PSOE en lo económico y su derechización en todo lo referente a la política exterior y de defensa, plantea a todas las fuerzas progresistas de España la necesidad de buscar las bases de convergencia"; "La formación de esa plataforma electoral es, pues, una ineludible necesidad para recuperar la esperanza que subyace en los anhelos de tantos españoles que se pronuncian por la paz y la neutralidad, el trabajo para todos, y la consagración, en definitiva, de una democracia avanzada sin espacios excluidos a la soberanía popular; y en la cual la participación cotidiana constituya un elemento significativo en paralelo a las consultas electorales. La formación de la plataforma electoral se corresponde asimismo con el sentimiento de que somos muchos los que coincidimos en las tradiciones renovadas del movimiento obrero, los planteamientos emergentes de carácter ecologista, el progresismo económico y para la participación política, y la necesidad de rescatar lo que es una visión moderna de un socialismo democrático". Este proyecto es de hace veintidós años; probablemente esté agotado, probablemente ha de ser sustituido por otro adaptado al presente, que mantenga lo esencial pero introduzca un análisis válido para los próximos años. Han pasado veintidós años, muchos años, en los cuales hemos ido elaborando miles y miles de folios de ideas, propuestas y programas electorales, pero dudo mucho de que hoy, como entonces, seamos capaces de formular en dos o tres folios las ideas centrales de cual debe ser nuestro proyecto. No soy optimista sobre que la Asamblea Federal que, en mi opinión, está precipitadamente convocada sea capaz de hacerlo. La experiencia de otras Asambleas al respecto me lleva a no confiar en que suceda. En el proceso de preparación de esas Asambleas hemos redactado montañas de papeles; documentos larguísimos y farragosos que van incorporando cada vez más y más enmiendas de adición (casi nunca de supresión) de las asambleas locales y autonómicas. Luego, al abrirse la Asamblea en Madrid, se proporciona a cada delegado un voluminoso tocho con todas las enmiendas que han obtenido el pase al debate (que son casi todas) y que nadie tiene tiempo de leer porque se empiezan a votar enseguida. Los debates son seguidos por una minoría de los delegados porque la mayoría está conspirando por los pasillos para el reparto de puestos en los órganos. El tiempo se echa encima, no hay manera de debatir y votarlo todo pese a la minoría de delegados que sigue en pie de madrugada enfrentándose a los cientos de enmiendas. Se acaba el debate de cualquier manera, porque hay un horario y hay que pasar a la fase de votar las candidaturas. Se aceptan por aclamación y aburrimiento la mayoría de las enmiendas para contentar a todos, aunque digan cosas contradictorias entre ellas, aunque unas propongan adiciones a párrafos que en otras también aprobadas han desaparecido. El resultado son unos documentos sin pies ni cabeza, una suma de incoherencias que en realidad nadie criticará porque ni siquiera se llega a publicar nunca el texto final aprobado (más nos vale, el sonrojo se queda en casa). Y se pasa a lo que importa, al navajeo entre las distintas facciones para ocupar la correspondiente parcela de poder desde la que disfrutar durante los cuatro años siguientes el eterno enfrentamiento que ocupa todas nuestras energías y nos impide trabajar en lo que debiéramos. Y como no sabemos qué es lo que hemos aprobado en la Asamblea Federal, o mejor dicho, todos podemos decir que se han aprobado las posturas que llevábamos, en realidad no sabemos si seguimos compartiendo un proyecto político además de una organización. Vista nuestra tradición de constante guerra interna, no sé si realmente todos compartimos el mismo proyecto, como lo compartíamos hace veintidós años. A lo mejor hay dos, o tres, o cuatro proyectos diferentes. No estaría de más que nos aclaremos; debatamos de ello, en vez de sobre quién tiene la culpa de nuestra situación (el sistema electoral, el coordinador general, la mayoría, la minoría, el aparato, los unos o los otros). Para ello sobra la montaña de papel de otras Asambleas. Por favor, a la Comisión Unitaria se lo sugiero: un nuevo proyecto, un nuevo manifiesto, debate claro e ideas claras en máximo tres folios. Y si no somos capaces, si no tenemos ese proyecto común, apaga y vámonos. Más escritos en mi web: http://webs.ono.com/mizubel Más blogs en: http://www.iloveiu.org |
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